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mapLa llamada colonia perdida no fue el primer intento de asentamiento en la isla de Roanoke. Hubo otro anterior (1585), pero resultó un fracaso. Los colonos apenas aguantaron un año antes de subirse al primer barco que pudo llevarles de vuelta a Inglaterra. Se sentían engañados por lo que les había vendido el promotor del proyecto, Walter Raleigh, un caballero inglés que heredó de su difunto hermano el permiso real para explotar las tierras del nuevo mundo.

Aunque esa tentativa salió mal, trajeron con ellos unas cuantas plantas de tabaco, que Raleigh utilizó para continuar con su plan de promocionar el valor de la costa norteamericana. Consiguió cultivarlas en sus tierras de Irlanda, y se convirtió en un adicto a la nicotina durante treinta años. Fumaba en todas partes y delante de todo el mundo, hasta en presencia de Isabel I.
A ella Raleigh le caía bien, sobre todo después de que hubiera bautizado Virginia – en honor de la reina virgen- a cierta porción del nuevo mundo. Walter empezó a conquistar con su vicio los pulmones de tanta gente, que la corona se percató pronto del beneficio económico que el tabaco podía suponer para Inglaterra.

Los tiempos del cigarro omnipresente pasaron a la historia hace demasiado tiempo, en EEUU más que en ningún sitio. Está prohibido fumar en muchos lugares, incluidos espacios abiertos. Nuestro vecindario no lo permite en todo el territorio asociado al edificio. Los fumadores tienen que salir a la calle y caminar hasta la acera.

IMAG0724Con el alcohol, tres cuartos de lo mismo. Dependiendo del estado en el que te encuentres es posible, o no, comprar bebidas en el supermercado (incluida la cerveza). Aquí nos movemos en pocos kilómetros entre el distrito de Columbia, el estado de Virginia, y Maryland. Cada uno con sus cositas.
En Bethesda (Maryland), si queremos vino tenemos que ir a la licorería. Pero ahí no acaba el chiste: si pides una botella en un restaurante y al terminar te la quieres llevar a casa (cosa muy común aquí), el camarero la mete en una bolsa con cierre y además suele grapar el recibo de la cena. El motivo es evitar que un policía pueda sancionarte por llevar un recipiente con bebida alcohólica abierto por la calle.

Háblales tú a estos del botellón, que a mí me da risa.

Cualquier español que pise Estados Unidos se sorprenderá pronto de la facilidad que existe para saltarse las pequeñas normas cotidianas. Hay una conciencia común de buena voluntad de la que nosotros, sencillamente, carecemos.

Cuando vas a comprar el periódico en una máquina te encuentras con que es posible llevarte el taco entero. Se supone que sólo vas a coger uno, pero vaya: hasta en el barrio más adinerado de Madrid verías al primer fulano con cuatro o cinco periódicos bajo el brazo y contándoselo a los amigos.

Las cosas como son: los americanos tienen peligro cuando se enfadan y sacan la pistola. Nosotros, todo el tiempo.
Lo llevamos en la sangre. Más que educativo, parece genético. Yo mismo me he notado deseoso de infringir las normas. Tengo el impulso contenido; como ahogado. En los vagones del metro no se puede comer, beber, fumar, ni escupir. No sé qué clase de ser humano querrá escupir, pero ¿comer? La de bocatas que me habré apretado en el metro de Madrid…

Lo curioso es que, a pesar del aparente espíritu colaborativo americano, las prohibiciones se señalan y repiten. Encuentras la misma indicación muy cerca de la anterior, y también se advierte de las consecuencias o el importe de la multa.

Una actividad prohibida en muchos sitios es el “loitering” (no lo había oído en la vida). Literalmente significa “holgazanear”. Parece destinado a los mendigos, pero por algún motivo que no comprendo suele ir acompañado del “skateboarding”. ¿Hay sitio en los que no quieren mendigos ni chavales con monopatin? ¿No quieren chavales en monopatin que estén por allí sin hacer otra cosa? ¿No quieren mendigos en monopatin? Esto supera cualquier intento de chiste…

En las zonas por las que nos hemos movido la gente es respetuosa. La firmeza de los avisos parece destinada a otras personas. Tal vez a los extranjeros.

Ellos iniciaron la aventura de este país desde la desobediencia, pero de mutuo acuerdo; todos juntos contra un enemigo común. Los hispanos somos rebeldes uno por uno, y repelemos etiquetarnos dentro de un grupo amplio. Gustamos más de las victorias personales, incluidas esas pequeñas indisciplinas callejeras. Nuestra famas nos precede.

Execution_of_Sir_Walter_RaleighA Jacobo I -sucesor de Isabel I-, no le gustaban ni Walter Raleigh ni el humo que desprendía. Raleigh fue acusado de complot contra el rey y murió decapitado en 1618. Siguió fumando hasta el último minuto de su vida, incluso mientras esperaba para su ejecución.
En su celda encontraron una bolsa de tabaco sobre la que había una inscripción en latín: Comes meus fuit in illo miserrimo tempore (Fue mi compañero en el momento más miserable).

La capital de Carolina del Norte se llama Raleigh en honor a Walter.

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