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cci-battle-of-baltimore-map-scott-sheadsDieciocho días después de prender fuego a Washington DC (1814), los británicos subieron por la bahía de Chesapeake rumbo a Baltimore. Desembarcaron primero con intención de atacar por tierra, pero un contingente americano adelantado a la ciudad les dejó lo bastante tocados para hacerles regresar a los barcos.
Entraron entonces en la desembocadura del río para colocarse frente a Fort McHenry –el cabo armado de Baltimore-, y durante la noche del 13 de septiembre intercambiaron cañonazos con la defensa del puerto.

A bordo de uno de los barcos ingleses iba Francis Scott Key, un abogado americano que estaba negociando para que los británicos liberaran a un amigo suyo. Al pobre Key le tocó soportar la noche entera observando desde el bando enemigo una posible rendición de Baltimore.
Al amanecer, sin embargo, los americanos izaron una bandera de desproporcionadas dimensiones para demostrar que seguían invictos. Scott Key, también poeta aficionado, se emocionó tanto al verla que decidió componer cuatro versos a los que llamó “La defensa de Fort McHenry”.
El poema se publicó una semana después del bombardeo y enseguida se hizo popular; las frases encajaban bien con una antigua canción llamada “A Anacreonte en el cielo”, y así nació “La bandera estrellada”, que es el actual himno estadounidense.

La historia norteamericana moderna (es decir, olvidando a los indios) es tan corta que tiende a ser amplificada mencionando infinidad de detalles. Se llega a un extremo de minuciosidad más propio de concurso televisivo que de la auténtica relevancia histórica (he resumido la anécdota del himno, porque en cualquier fuente consultada aparece hasta el nombre de la mujer que cosió la bandera). El orgullo hacia sus símbolos y formas resulta verdaderamente llamativo para cualquier europeo (y más para un español, con lo que nos gusta poner zapatillas a las leyendas).

El origen de esta tendencia habría que buscarlo en la situación de los primeros colonos que viajaron hasta aquí, y en el papel que jugó la religión en el desarrollo de las primeras comunidades. Un importante número de aquellos hombres formaba parte de grupos en cierta fase de marginación en Europa, que atravesaron el mar con intención de iniciar una nueva vida en base a las mismas creencias que les habían ocasionado problemas en sus países de origen.
Abrirse camino en un entorno desconocido (y quitar del medio a los nativos, que eran muy malos, muy malos, muy malos) acentuó la necesidad de fortalecer el sentimiento de comunidad.
Todo pequeño logro labrando una tierra salvaje se celebraba como un tremendo triunfo.

Desde esa herencia se ha conservado un selecto conjunto de ideas, sin el cual habría sido imposible mantener cohesionada una nación tan grande y que ha crecido tan rápido.
Pero no siempre ha sido fácil conservar la unión, y no hay que pensar en la guerra civil como único momento de conflicto interno. Antes ya hubo tiempos en los que los estados pudieron haber continuado su propia historia por separado.
Nada más alcanzar la independencia, por ejemplo, existían abiertas reticencias a la creación de un gobierno central por encima de los estados, por miedo a que acabara siendo una especie de segunda Gran Bretaña.

DSC_1464_rWashington DC, a pesar de ser la capital (o precisamente por serlo), está impregnada de una cierta ambigüedad. El patriotismo existe, es innegable, pero no alcanza los extremos de otras ciudades interiores. Hay banderas por todas partes, camisetas con la bandera, bañadores y calcetines con la bandera, gente literalmente disfrazada de bandera, pero la inmediatez de los gestos no es igual en todo el mundo.

Nos encontramos con un ejemplo bastante demostrativo cuando asistimos al arriado de la bandera en el cementerio de Arlington (hay que ver el juego que da este sitio).
La tumba del soldado desconocido es custodiada 24 horas al día -todos los días sin excepción-, por unos tipos que sirvieron de evidente inspiración para los guionistas de Terminator. Su modo de actuar está cargado de simbolismo: la vestimenta, el número de pasos, el tiempo que permanecen inmóviles…
Cuando hacen el cambio de guardia ordenan silencio, y no permiten que nadie se siente. Y a ver quién es el guapo que hace otra cosa. Mi hija no se acercaba porque le daban miedo.

DSC_1722Al final del día, dos guardias caminan hasta el mástil, arrían la bandera y la doblan con infinito cuidado. Como buen turista, en mitad del silencio, buscas varios ángulos desde los que hacer fotos, cuando de repente te encuentras con que eres el único. Los demás están quietos, observando, y alguno hasta se ha quitado la gorra y tiene la mano en el pecho. Es un momento raro, que te hace sentir en otro planeta.
Los guardias ya no son lo interesante; cualquier militar en cualquier nación tendrá un comportamiento análogo con la bandera en las manos. Los civiles, en cambio, son lo distintivo. Esa respuesta no la esperabas.

Después empiezas a fijarte, y descubres que no todos los americanos presentes ofrecen igual profundidad de respuesta. El respeto es común, sí, pero no así la necesidad de externalizarlo.

La imagen que se vende fuera de EEUU no corresponde con una realidad descriptiva del país entero. Los europeos a menudo pecamos de ingenuos. Esto es una nación-continente, y creer que cualquier yanqui moriría por su presidente es como creer que todos los africanos hablan el mismo idioma.

intento_asesinatoEl primer presidente al que hubo que proteger fue Andrew Jackson. La verdad es que se protegió él solo; un hombre llamado Richard Lawrence le disparó dos veces sin éxito, y entonces Jackson la emprendió a bastonazos con él.
El fiscal en el juicio al terrorista fue, precisamente, Francis Scott Key, 21 años después de haber escrito la letra del himno americano.

Qué bonito. Qué guinda para el pastel.

Lo que no se comenta tanto es que Scott Key fue un importante defensor de la esclavitud. Es un dato que llevaría a muchos afroamericanos a pensárselo dos veces antes de ponerse en pie cuando suena el himno al comienzo de los partidos de beisbol.

Éstas son las ironías que nos gustan a los españoles. Desmontar héroes nos ofrece consuelo.

– Todas las semanas hay nuevas fotos en la galería

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