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1814-burningEl 24 de Agosto de 1814, las tropas británicas lograron entrar en Washington y prender fuego a la mayoría de los edificios públicos, incluida la casa del ejecutivo. Al día siguiente, el núcleo de un tremendo tornado cruzó sobre la ciudad y sofocó las llamas a base de viento y lluvia, además de acabar con la vida de varios soldados británicos y civiles americanos.
La leyenda popular dice que el nombre de “Casa Blanca” surgió durante la restauración de la ciudad, cuando se decidió cubrir con pintura parte de los daños sufridos en el hogar presidencial.

Los tornados no suelen afectar directamente a Washington DC, sino que lo bordean y descargan una breve tunda de lluvia.
Hace tres años (2010) la cosa fue mucho más seria. Una tormenta que no estaba pronosticada arrasó la zona provocando incendios, dañando edificios y dejando sin luz a miles de hogares y negocios. Desde entonces, los de protección civil se han vuelto precavidos y dan avisos muy serios a la primera de cambio.
La gente lo sabe, y por eso se lo toma con bastante calma. Están acostumbrados a que al final no sean más que cuatro gotas.

El primer día que salimos a dar un paseo por nuestro nuevo barrio nos encontramos de repente con una enorme sección de cielo negro avecinándose por el oeste. Si ves algo así en Madrid es que va a caer la chufa del año o que se está acabando el mundo, pero en Bethesda la gente caminaba sin apretar el paso. Un par de personas se pararon a hacerle fotos al cielo con el móvil, sin más. No parecían preocupados.

Nos metimos a desayunar, y al salir seguía sin llover. Mirabas a la nube y te consumía la duda. Qué tensión.

Fuimos a casa y nos encontramos con el portero que habla (tenemos dos porteros, uno que habla -y cuyo nombre conocemos-, y otro que no, al que secretamente llamamos Chechu. Luego lo de Chechu se ha extendido para todo aquel a quien aún no sabemos llamar de otra manera: los camareros son Chechu, los taxistas son Chechu… Cuando son mujeres son Chelsi).
El portero que habla nos explicó que había aviso de tornado para aquel día, y que eso era el pedazo de nube formato Mordor que acabábamos de divisar.

DSC_1386El problema de Washington DC es que tiene una humedad alta y constante. La intuición olfativa que traes de Madrid no sirve para predecir la lluvia. Aquí siempre huele igual.

Lo verdaderamente curioso es que tampoco el ciudadano de a pie parece tener una idea clara del pronóstico inmediato.
Que el cielo esté negro como carbón no implica nada. Que empiece a caer un chirimiri tontorrón, tampoco asegura ninguna consecuencia. Puede ir a peor, o puede que no.

lluviaY los de la previsión meteorológica no son más que una suerte de referencia. Si dicen que va a llover por la tarde significa que hay muchas probabilidades de que, a lo largo del día o la noche, llueva. Pero lo mismo ni llueve.
Fallan como una escopeta de feria.

Hay una única ley universal que hasta nosotros ya tenemos muy clara: si te cae encima una sola gota gorda y fría, corre. Eso sí que es innegable preludio de que va a prepararse la del diluvio. Porque aquí cuando llueve, llueve. Y de qué manera.

StormDrain
Ya me había fijado en aquellas storm drain (alcantarillas de tormenta) de boca ancha, pero no les encontraba mucho sentido hasta que fui testigo de la primera tromba que nos cayó en este pueblo. Sólo he visto llover igual en Panamá.

A veces hay otros avisos antes de la gota gorda, y entonces es aún más espectacular.
Estás metido en la piscina, tan a gusto, cuando de repente se levanta un viento fresco y lleno de hojas, el cielo empieza a cubrirse muy deprisa, se oyen un par de truenos, los pájaros levantan el vuelo, los niños lloran y las madres les sacan corriendo del agua. Que vienen los marcianos.

La humedad es la responsable de que el clima sea tan cambiante, pero también es protagonista cuando hay muchos días seguidos de calma. El calor es insufrible. Las semanas calurosas no permiten hacer nada más que encerrarte en casa o meterte en la piscina y no salir. No se puede andar por la calle, ni por la sombra. Llevar a mis hijas de paseo suena a odisea (y más con un tío como yo, que se te puede desmayar en cualquier esquina).

Así están luego los locales con el aire acondicionado. Pasas de un calor líquido y pegajoso al fresco seco artificial. Creo que mi hija pequeña está harta de mí: pongo la mantita, quito la mantita.
Lo raro es que ni ella ni yo nos hayamos constipado todavía. En nuestra línea, eso pasará cuando subamos al avión de vuelta.

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